Ayer por la tarde, a media cuadra de Plaza Chacabuco, Santiago de Chile, ocurrió un aparatoso accidente de transito, con varias víctimas de consideración. Al encontrarme muy cercano al sitio del suceso, más por aquella morbosa curiosidad humana que por real vocación de servicio, decidí ir a mirar, como muchos, dicho accidente, llegando prácticamente a los minutos luego de ocurrido.La escena era terrible, ya que había heridos tirados en la acera, sangrando profusamente, una pasajera del vehículo menor al interior del mismo, con fractura de tobillo expuesta, el hijo recién graduado de Enseñanza Media, muy choqueado pero solo golpeado, deambulando de un lado a otro sin saber que hacer... en resumen, el caos mismo. Muchos curiosos, varones casi todos, rápidamente prestaron los primeros auxilios, los primeros socorros, y en vista que uno de los heridos graves, con severa hemorragia facial producto de cortes muy profundos, encontrábase hiper excitado, casi descontrolado, intentando levantarse y arrancar de su cara el protector que le restañaba la sangre, rápidamente acudí a prestar ayuda, y tratar de que no se moviera más de la cuenta. Uno de los socorristas que estaba con él, médico o paramédico al parecer, me tomó una mano, la puso sobre el rostro accidentado, y me ordenó que apretara firme para que no se aflojara el paño restañador. También me solicitó que impidiera drásticamente, que el herido intentara arrancarse con su mano izquierda dicho elemento, razón por la cual tuve que utilizar mi otra mano para controlar dicha extremidad... todo esto en medio de gritos, quejidos, cuchicheos, y sangre a destajo. Así, un samaritano tan anónimo como yo, junto a otros homólogos que controlaban y auxiliaban al resto de los heridos, pasamos casi 25 minutos o algo más, agachados y espectantes, esperando que llegara la policía, -curiosamente a cuadra y media del sitio del accidente-, y los paramédicos, que por fortuna llegaron junto a los bomberos... las tres unidades al unísono casi a la media hora de ocurrido el accidente. Huelga decir entonces, que me felicito yo mismo, y por supuesto al resto de los samaritanos involucrados en esta lamentable circunstancia, mismos que no dudaron un instante en prestar valiosa ayuda, especialmente una jóven enfermera y aquel anónimo hombre que controló primeramente la situación. Es que la verdad verdad, son muy pocos quienes poseen el aplomo y la capacidad de reacción inmediata y efectiva , frente a dramas como éstos, tan desagradables y desmotivadores anímicamente... tal cual se lo escuché declarar a un testigo presencial inmediato, que reconoció haberse cortado y no atinado a nada, sólo mirar. Ahora bien... este dramático hecho no tendría nada de especial ni particular , en comparación a otros homólogos que han sucedido y seguirán sucediendo, si no fuera porque fui testigo de reacciones y comportamientos muy extraños, dignos de ser denunciados y condenados públicamente. Porque mientras algunos intentábamos auxiliar de la mejor forma posible, casi a manos límpias, a las víctimas del siniestro, un sujeto jóven, al serle requerido un periódico ínfimo para ayudar a cubrir parte de la sangre que nos rodeaba por todos lados, lo negó hoscamente aduciendo que le había costado $200 pesos. Luego, llegados los paramédicos, que nos relevaron como corresponde, sin no antes habernos otorgado una breve mirada de cortesía y reconocimiento por la labor inicial de auxilio, también hacen entrada las fuerzas de orden, que comienzan a desalojar a los curiosos en forma muy tajante y prepotente, lo que en parte ciertamente se justifica, ya que fui claro testigo del cómo mujeres bastante poco educadas, se abrían paso casi a codazo limpio, a fin de quedar prácticamente sobre los heridos, copucheando y refocilándose con la desgracia ajena, ya que ningún servicio prestaban allí, a esas alturas de los hechos. En lo que no estoy de acuerdo, y me siento dolido y vejado gratuitamente, es cuando el tardío teniente a cargo del procedimiento policial, quizás nervioso o cansado, sin prestar atención a parte de mis manos manchadas de sangre, y a mi modesta vestimenta de diario, también manchada con sangre de las víctimas a quienes prestamos el primer auxilio posible, me espeta en forma muy prepotente y directa, que me vaya de allí, que circule, eso que hasta dicho instante, luego de relevado por los paramédicos y bomberos, ayudaba en un cordón anticuriosos... una primera vez, muy tirante y prepotente, y una segunda vez, muy autoritario y amenazante, considerándome a la ligera, prácticamente sin gran criterio, como un simple y morboso copuchento más. Es entonces, a raíz de torpezas como ésta, cuándo comenzamos a comprender, claramente, el por qué muchas veces falla el valor civil en las personas; el por qué nadie desea verse involucrado, ni directa ni indirectamente , en este tipo de circunstancias; el por qué, muchos, no prestan una valiosa ayuda primaria, muy samaritana, frente a dramas de este tipo y especie. La contraparte de esa molesta medalla policial , en todo caso, la da un cabo de carabineros, que regresando a casa, fuera de servicio, se baja del bus dónde viajaba sin obligación alguna, y comienza a dirigir un caótico tránsito que amenazaba con un nuevo accidente allí mismo, dónde algunos de nosotros prestaba ayuda desinteresada. La verdad, mis amigos, el samaritanismo es de dulce y agráz hoy por hoy, y en desgracias cómo estas es donde podemos apreciar , claramente, hasta dónde llega el criterio y el valor civil humanos, concatenados en una serie de hechos y circunstancias , que verdaderamente nos llevan a sopesar aquellas magistrales palabras, que dos mil años atrás el Santo Varón pronunció, y que todos nosotros conocemos y llevamos grabadas en el corazón, pero a las que en muy contadas ocasiones queremos hacerles caso. En lo personal, más allá de la vejación gratuita y desmoralizadora, me siento conforme conmigo mismo, y estoy cierto que , de enfrentarme el destino o la providencia ante una nueva circunstancia cómo la vivida el día de ayer, sabré estar a las alturas de las circunstancias, al igual que todos aquellos otros samaritanos modernos , que corrieron en auxilio de un hermano en desgracia... sin importar que en forma posterior se nos ningunee y desconsidere gratuitamente, nos enfrentemos a sujetos con un descriterio rayano en una deshumanidad absoluta, o nos veamos rodeados por los morbosos y copuchentos que nunca faltan, pero que poca ayuda ofrecen.
doctorjeringa