¿cultura vial?
Por razones laborales debo circular mucho, a diario, por las calles del gran Santiago, lo que aparte de permitir enterarme, en vivo y en directo, no por oficio como algunas autoridades pertinentes, de muchos problemas ciudadanos, también me ha permitido esbozar una especie de imagen inmediata, respecto al comportamiento vial ciudadano, entendiendo por ésto la forma como nos comportamos, peatones y choferes, al utilizar la vía pública, valga la redundancia. La verdad verdad, mis amigos, es lamentable, no sólo porque , se ha repetido hasta la saciedad, ni peatones ni choferes se desenvuelven debidamente, sino porque, y aquí radica el problema, no existe conciencia vial. Prueba de ello, algunos ejemplos cotidianos seleccionados entre muchísimos otros similares... en cualquier esquina o cruce de caminos, es común ver choferes que insisten en cruzar con luz roja, aún si se observa cantidad de peatones que desean pasar de un lado a otro, siendo mujeres conductoras las más despreocupadas al volante, mismas que tiran los vehículos encima sin el menor asco. También encontramos el caso que, los choferes más agresivos , petulantes, acaballados, no son precisamente aquellos que manejan vehículos pequeños o modestos, sino quienes viajan a bordo de tremendos y costosos móviles de ultima generación, mismos que señalarían que sus dueños no son cualquier cosa, pero que al volante, se comportan como verdaderos indigentes del camino, ya que parecieran cumplir a cabalidad la fórmula, 'gran poder vehicular=gran pobreza humana'. Otro punto negativo, muy peligroso, es el de los denominados dueños de las calles, o para los amigos, taxistas urbanos, que se comportan tal cual si ellos fuesen los propietarios de las rutas, con derecho exclusivo a circular por ellas cómo quieran, dónde quieran, y con autorización de agredir, física y verbalmente, a quién se le tercie en el camino... una verdadera mafia a ojos vista. De la locomoción colectiva ni hablar, porque los amarillos juran ser émulos de 007, o sea, choferes con licencia para matar , tanto a peatones como a colegas de ruta, lanzando sobre sus potenciales víctimas unas máquinas inmensas que conducen con un descriterio vial, casi rayano en el paroxismo... he sido testigo de amenazas de muerte a ciclistas, por el sólo hecho de circular al lado de microbuses urbanos, y comentarios de choferes que aseguran no tener ningún remordimiento ni problema en atropellar y matar a alguien, ya que se saben protegidos por un poderoso sindicato, amén de extraños resquicios legales que les aseguran la libertad a los pocos días. Por otra parte el tan mentado transantiago, que se suponía iba a cambiar la cara y remediar los vicios de este sistema de transporte público, parece seguir con las mismas malas costumbres ya que, si bien hay mayor amabilidad y cuidado al manejar, siguen existiendo yerros evidentes , cómo aquel de parar a recoger y/o dejar bajar pasajeros en cualquier lugar; armar sendos tacos para favorecer a algún colega; dejar a potenciales pasajeros abajo, por tratar de cruzar algún semáforo con luz amarilla o ir de a dos en fondo, etc. De alli entonces que este ramillete de sucedidos nos señale, patéticamente, que a pesar de todas las campañas viales habidas y por haber, el resultado sigue siendo uno sólo... incultura vial galopante.Y el asunto no pasa por más o menos exámenes sicológicos previos a una licencia de conducir, sino necesariamente por una verdadera toma de conciencia, conciencia vial, que necesariamente parte desde el hogar, donde algún padre, madre, abuelo, tío, hermano mayor, se tome el tiempo y la responsabilidad inmediata de enseñar al niño , que la vía pública es de todos, no de algunos solamente, y que se deben respetar no solo las leyes del tránsito, que magistralmente son ignoradas por muchos, hasta el accidente potencial, sino que antes que aquellas, debe respetarse al peatón por sobre cualquier cosa. Y para tales efectos, comprender los adultos de una vez por todas, que no es ninguna gracia , travesura, ni choreza, el facilitarle un vehículo a algún menor de edad, o permitir que lo saquen sin permiso, como más de una vez me ha tocado precenciar en las calles de esta gran ciudad... suponen aquellos padres irresponsablemente permisivos, que de ese modo ayudan a formar nuevos conductores, cuándo la verdad del caso es que están potenciando y generando a los verdaderos delincuentes viales del futuro. Lamentablemente este cuadro citadino , del que soy testigo privilegiado casi a diario, pareciera no tener una solución a corto plazo, ya que, para colmo de males, cuando se cometen estre tipo de infracciones a ojos vista, nunca hay un representante de la ley a la mano. Por ende queda la ingrata sensación, para algunos, de encontrarnos en una verdadera tierra de nadie, mientras que para otros, los 'dueños de las calles', pareciera existir algo así como una verdadera manga ancha para cometer todos los perjuicios habidos y por haber, mientras nadie los esté controlando en vivo y en directo... es que para estos últimos parece ser que ni siquiera sus conciencias los detiene, si es que verdaderamente sujetos así poseen aunque sea algún leve esbozo de resquemor interno, al extremo que han proclamádose los dueños viales de la nación. A juicio y razón de lo que hoy por hoy sucede y se permite, directa o indirectamente, esto no debería extrañar a nadie por desgracia, ya que lo más probable, momentáneamente, es que en realidad sea así ,mientras no cambie la conciencia ciudadana al respecto.
doctorjeringa

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