bicentenario sinvergüenza
Suma y sigue. Las autoridades pertinentes, en forma tosuda, desmedida, y por que no decirlo, en extremo calculadora, insisten, como borregos tendenciosos, en eliminar, borrar del mapa, hacer desaparecer, el único aeropuerto de Santiago que hasta el día de hoy, ha prestado un servicio de calidad, límpio, transparente, y por que no, mejor en gran medida al tan mentado Pudahuel, o Comodoro Arturo Merino Benitez. No sé si será un revanchismo muy calculado, arteramente disfrazado de plan urbanístico, pero la clara tendencia de eliminarlo a lo que de lugar nos hace pensar, a algunas personas muy juiciosas, si no será ese el pago de Chile por haber servido Cerrillos, como base de operaciones en 1973 para el bombardeo de La Moneda, única explicación razonable para entender, o por lo menos, comprender, el por qué, obtusamente, personas cultas, educadas, de gran preparación profesional, insisten en enceguecerse, y borrar del mapa lo que estratégicamente, por estrictas razones geopolíticas, pocas naciones del mundo se atreverían a hacer. Por lo visto estos conspicuos personajes no recuerdan, se olvidaron, no tienen idea de lo que sucedió en Chile a principios de los sesenta del siglo recién pasado, a raíz del grave terremoto que asoló el territorio nacional... el cómo la ayuda solidaria internacional estuvo a punto de colapsar graciosamente, debido a que el país carecía de aeropuertos suficientes para recibirla, aunque muchos digan que nó. Conozco este dato de muy buena fuente, e incluso Hernandez Parker, en su libro, 'Horror en el Paraíso' , si mal no me falla la memoria, habla veladamente de lo mismo. Cerrillos en aquella emergencia , se lució, no falló, y fue capaz de recibir en sus losas a los otrora gigantescos Globemasters americanos, que no podían aterrizar prácticamente en ningún otro lugar de Chile. No, mis amigos... aquí existe mano mora, mano negra, y cualquiera de las irrisorias explicaciones y conciliábulos secretos entre los más interesados en 'pitearse', no un flaite sino un aeropuerto, son simples y transnochadas formalidades de última hora. Es más, en algún momento van a dar la cara y pedirán un cocodrilesco perdón por la leche derramada, tal cual ha sucedido con todos aquellos casos en los cuales, las picotas desquiciadas de los supremos hacedores, dieron el bajo a posibles e históricos monumentos nacionales, que no alcanzaron a ver la luz como tales, ya que a algún agudito de turno se le ocurrió demolerlo para , lisa y llanamente, hacer negocios públicos. El Estado debe preservar instancias como éstas, y si necesita o debe brindar habitaciones, plazas, parques, u otros por el estilo a la ciudadanía toda, busque otras alternativas, o demuela en su efecto, catedrales, templos, sedes de gobierno, castillos costeros, cosas de esas, para que el asunto sea igualitario, como en democracia según dicen ellos. Curiosamente, una de las autoridades más interesadas y vocingleras en este lamentable asunto, es un ministro que otrora fue alcalde, y del cual, muchos ciudadanos guardan pésimos recuerdos porque, como autoridad edilicia, su nombre apareció varias veces vinculado a chanchullos, arreglines, y movidas raras, todas generadoras de emolumentos , no sé si para él, pero si, a vox populi, para parientes directos. Es más... patéticamente fui testigo, a bordo de un microbús, del como un zarrapastroso connacional, absolutamente descontrolado, lloraba amargamente y se quejaba que dicho alcalde lo había liquidado, y que por culpa de sus extraños y desmedidos decretos edilicios, la fuerza pública lo había dejado prácticamente en la ruina, todo esto a viva voz y con amenazas no muy gratas para la integridad física de dicho señor, que por lo visto, sigue creyéndose el dueño del país, y ahora es la voz más altanera, ofensiva, inclemente, en un asunto que, para complicarlo todo, pasa a vulnerar una donación privada. Si de eso se trata, entonces, señor ministro, aplique la misma norma para expropiar Pumalin, y en aquel extenso territorio edifiquen , no un Parque Bicentenario, sino una Ciudad Bicentenaria, que acoja a todas esas almas necesitadas de acomodo habitacional, con las cuales , obtusamente, insisten en seguir, y seguir, y seguir sobresaturando una ya de por si sobresaturada megápolis nacional. ¡Que se sepa a viva voz!... algunos tendremos cara, lo pareceremos, pero no somos ningunos imbéciles ,a quienes quieren hacer creer que todo esto es un juego límpio, derecho, y transparente. Tarde o temprano se dará vuelta la tortilla, y entonces veremos quién tenía la razón, aunque desde ya, conociéndonos, esto no resulta ser más que el típico y sacrosanto, pago de Chile, transformado arteramente hoy en día, en nada más que un simple, 'bicentenario sinverüenza'.
doctorjeringa

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