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Wednesday, December 28, 2005

bicentenario sinvergüenza

Suma y sigue. Las autoridades pertinentes, en forma tosuda, desmedida, y por que no decirlo, en extremo calculadora, insisten, como borregos tendenciosos, en eliminar, borrar del mapa, hacer desaparecer, el único aeropuerto de Santiago que hasta el día de hoy, ha prestado un servicio de calidad, límpio, transparente, y por que no, mejor en gran medida al tan mentado Pudahuel, o Comodoro Arturo Merino Benitez. No sé si será un revanchismo muy calculado, arteramente disfrazado de plan urbanístico, pero la clara tendencia de eliminarlo a lo que de lugar nos hace pensar, a algunas personas muy juiciosas, si no será ese el pago de Chile por haber servido Cerrillos, como base de operaciones en 1973 para el bombardeo de La Moneda, única explicación razonable para entender, o por lo menos, comprender, el por qué, obtusamente, personas cultas, educadas, de gran preparación profesional, insisten en enceguecerse, y borrar del mapa lo que estratégicamente, por estrictas razones geopolíticas, pocas naciones del mundo se atreverían a hacer. Por lo visto estos conspicuos personajes no recuerdan, se olvidaron, no tienen idea de lo que sucedió en Chile a principios de los sesenta del siglo recién pasado, a raíz del grave terremoto que asoló el territorio nacional... el cómo la ayuda solidaria internacional estuvo a punto de colapsar graciosamente, debido a que el país carecía de aeropuertos suficientes para recibirla, aunque muchos digan que nó. Conozco este dato de muy buena fuente, e incluso Hernandez Parker, en su libro, 'Horror en el Paraíso' , si mal no me falla la memoria, habla veladamente de lo mismo. Cerrillos en aquella emergencia , se lució, no falló, y fue capaz de recibir en sus losas a los otrora gigantescos Globemasters americanos, que no podían aterrizar prácticamente en ningún otro lugar de Chile. No, mis amigos... aquí existe mano mora, mano negra, y cualquiera de las irrisorias explicaciones y conciliábulos secretos entre los más interesados en 'pitearse', no un flaite sino un aeropuerto, son simples y transnochadas formalidades de última hora. Es más, en algún momento van a dar la cara y pedirán un cocodrilesco perdón por la leche derramada, tal cual ha sucedido con todos aquellos casos en los cuales, las picotas desquiciadas de los supremos hacedores, dieron el bajo a posibles e históricos monumentos nacionales, que no alcanzaron a ver la luz como tales, ya que a algún agudito de turno se le ocurrió demolerlo para , lisa y llanamente, hacer negocios públicos. El Estado debe preservar instancias como éstas, y si necesita o debe brindar habitaciones, plazas, parques, u otros por el estilo a la ciudadanía toda, busque otras alternativas, o demuela en su efecto, catedrales, templos, sedes de gobierno, castillos costeros, cosas de esas, para que el asunto sea igualitario, como en democracia según dicen ellos. Curiosamente, una de las autoridades más interesadas y vocingleras en este lamentable asunto, es un ministro que otrora fue alcalde, y del cual, muchos ciudadanos guardan pésimos recuerdos porque, como autoridad edilicia, su nombre apareció varias veces vinculado a chanchullos, arreglines, y movidas raras, todas generadoras de emolumentos , no sé si para él, pero si, a vox populi, para parientes directos. Es más... patéticamente fui testigo, a bordo de un microbús, del como un zarrapastroso connacional, absolutamente descontrolado, lloraba amargamente y se quejaba que dicho alcalde lo había liquidado, y que por culpa de sus extraños y desmedidos decretos edilicios, la fuerza pública lo había dejado prácticamente en la ruina, todo esto a viva voz y con amenazas no muy gratas para la integridad física de dicho señor, que por lo visto, sigue creyéndose el dueño del país, y ahora es la voz más altanera, ofensiva, inclemente, en un asunto que, para complicarlo todo, pasa a vulnerar una donación privada. Si de eso se trata, entonces, señor ministro, aplique la misma norma para expropiar Pumalin, y en aquel extenso territorio edifiquen , no un Parque Bicentenario, sino una Ciudad Bicentenaria, que acoja a todas esas almas necesitadas de acomodo habitacional, con las cuales , obtusamente, insisten en seguir, y seguir, y seguir sobresaturando una ya de por si sobresaturada megápolis nacional. ¡Que se sepa a viva voz!... algunos tendremos cara, lo pareceremos, pero no somos ningunos imbéciles ,a quienes quieren hacer creer que todo esto es un juego límpio, derecho, y transparente. Tarde o temprano se dará vuelta la tortilla, y entonces veremos quién tenía la razón, aunque desde ya, conociéndonos, esto no resulta ser más que el típico y sacrosanto, pago de Chile, transformado arteramente hoy en día, en nada más que un simple, 'bicentenario sinverüenza'.
doctorjeringa

Hola, no pierdan su voto. Les saluda, su doctor...

Wednesday, December 14, 2005

samaritanos modernos

Ayer por la tarde, a media cuadra de Plaza Chacabuco, Santiago de Chile, ocurrió un aparatoso accidente de transito, con varias víctimas de consideración. Al encontrarme muy cercano al sitio del suceso, más por aquella morbosa curiosidad humana que por real vocación de servicio, decidí ir a mirar, como muchos, dicho accidente, llegando prácticamente a los minutos luego de ocurrido.La escena era terrible, ya que había heridos tirados en la acera, sangrando profusamente, una pasajera del vehículo menor al interior del mismo, con fractura de tobillo expuesta, el hijo recién graduado de Enseñanza Media, muy choqueado pero solo golpeado, deambulando de un lado a otro sin saber que hacer... en resumen, el caos mismo. Muchos curiosos, varones casi todos, rápidamente prestaron los primeros auxilios, los primeros socorros, y en vista que uno de los heridos graves, con severa hemorragia facial producto de cortes muy profundos, encontrábase hiper excitado, casi descontrolado, intentando levantarse y arrancar de su cara el protector que le restañaba la sangre, rápidamente acudí a prestar ayuda, y tratar de que no se moviera más de la cuenta. Uno de los socorristas que estaba con él, médico o paramédico al parecer, me tomó una mano, la puso sobre el rostro accidentado, y me ordenó que apretara firme para que no se aflojara el paño restañador. También me solicitó que impidiera drásticamente, que el herido intentara arrancarse con su mano izquierda dicho elemento, razón por la cual tuve que utilizar mi otra mano para controlar dicha extremidad... todo esto en medio de gritos, quejidos, cuchicheos, y sangre a destajo. Así, un samaritano tan anónimo como yo, junto a otros homólogos que controlaban y auxiliaban al resto de los heridos, pasamos casi 25 minutos o algo más, agachados y espectantes, esperando que llegara la policía, -curiosamente a cuadra y media del sitio del accidente-, y los paramédicos, que por fortuna llegaron junto a los bomberos... las tres unidades al unísono casi a la media hora de ocurrido el accidente. Huelga decir entonces, que me felicito yo mismo, y por supuesto al resto de los samaritanos involucrados en esta lamentable circunstancia, mismos que no dudaron un instante en prestar valiosa ayuda, especialmente una jóven enfermera y aquel anónimo hombre que controló primeramente la situación. Es que la verdad verdad, son muy pocos quienes poseen el aplomo y la capacidad de reacción inmediata y efectiva , frente a dramas como éstos, tan desagradables y desmotivadores anímicamente... tal cual se lo escuché declarar a un testigo presencial inmediato, que reconoció haberse cortado y no atinado a nada, sólo mirar. Ahora bien... este dramático hecho no tendría nada de especial ni particular , en comparación a otros homólogos que han sucedido y seguirán sucediendo, si no fuera porque fui testigo de reacciones y comportamientos muy extraños, dignos de ser denunciados y condenados públicamente. Porque mientras algunos intentábamos auxiliar de la mejor forma posible, casi a manos límpias, a las víctimas del siniestro, un sujeto jóven, al serle requerido un periódico ínfimo para ayudar a cubrir parte de la sangre que nos rodeaba por todos lados, lo negó hoscamente aduciendo que le había costado $200 pesos. Luego, llegados los paramédicos, que nos relevaron como corresponde, sin no antes habernos otorgado una breve mirada de cortesía y reconocimiento por la labor inicial de auxilio, también hacen entrada las fuerzas de orden, que comienzan a desalojar a los curiosos en forma muy tajante y prepotente, lo que en parte ciertamente se justifica, ya que fui claro testigo del cómo mujeres bastante poco educadas, se abrían paso casi a codazo limpio, a fin de quedar prácticamente sobre los heridos, copucheando y refocilándose con la desgracia ajena, ya que ningún servicio prestaban allí, a esas alturas de los hechos. En lo que no estoy de acuerdo, y me siento dolido y vejado gratuitamente, es cuando el tardío teniente a cargo del procedimiento policial, quizás nervioso o cansado, sin prestar atención a parte de mis manos manchadas de sangre, y a mi modesta vestimenta de diario, también manchada con sangre de las víctimas a quienes prestamos el primer auxilio posible, me espeta en forma muy prepotente y directa, que me vaya de allí, que circule, eso que hasta dicho instante, luego de relevado por los paramédicos y bomberos, ayudaba en un cordón anticuriosos... una primera vez, muy tirante y prepotente, y una segunda vez, muy autoritario y amenazante, considerándome a la ligera, prácticamente sin gran criterio, como un simple y morboso copuchento más. Es entonces, a raíz de torpezas como ésta, cuándo comenzamos a comprender, claramente, el por qué muchas veces falla el valor civil en las personas; el por qué nadie desea verse involucrado, ni directa ni indirectamente , en este tipo de circunstancias; el por qué, muchos, no prestan una valiosa ayuda primaria, muy samaritana, frente a dramas de este tipo y especie. La contraparte de esa molesta medalla policial , en todo caso, la da un cabo de carabineros, que regresando a casa, fuera de servicio, se baja del bus dónde viajaba sin obligación alguna, y comienza a dirigir un caótico tránsito que amenazaba con un nuevo accidente allí mismo, dónde algunos de nosotros prestaba ayuda desinteresada. La verdad, mis amigos, el samaritanismo es de dulce y agráz hoy por hoy, y en desgracias cómo estas es donde podemos apreciar , claramente, hasta dónde llega el criterio y el valor civil humanos, concatenados en una serie de hechos y circunstancias , que verdaderamente nos llevan a sopesar aquellas magistrales palabras, que dos mil años atrás el Santo Varón pronunció, y que todos nosotros conocemos y llevamos grabadas en el corazón, pero a las que en muy contadas ocasiones queremos hacerles caso. En lo personal, más allá de la vejación gratuita y desmoralizadora, me siento conforme conmigo mismo, y estoy cierto que , de enfrentarme el destino o la providencia ante una nueva circunstancia cómo la vivida el día de ayer, sabré estar a las alturas de las circunstancias, al igual que todos aquellos otros samaritanos modernos , que corrieron en auxilio de un hermano en desgracia... sin importar que en forma posterior se nos ningunee y desconsidere gratuitamente, nos enfrentemos a sujetos con un descriterio rayano en una deshumanidad absoluta, o nos veamos rodeados por los morbosos y copuchentos que nunca faltan, pero que poca ayuda ofrecen.
doctorjeringa

Hola, no pierdan su voto. Les saluda, su doctor...

Monday, December 12, 2005

¿cultura vial?

Por razones laborales debo circular mucho, a diario, por las calles del gran Santiago, lo que aparte de permitir enterarme, en vivo y en directo, no por oficio como algunas autoridades pertinentes, de muchos problemas ciudadanos, también me ha permitido esbozar una especie de imagen inmediata, respecto al comportamiento vial ciudadano, entendiendo por ésto la forma como nos comportamos, peatones y choferes, al utilizar la vía pública, valga la redundancia. La verdad verdad, mis amigos, es lamentable, no sólo porque , se ha repetido hasta la saciedad, ni peatones ni choferes se desenvuelven debidamente, sino porque, y aquí radica el problema, no existe conciencia vial. Prueba de ello, algunos ejemplos cotidianos seleccionados entre muchísimos otros similares... en cualquier esquina o cruce de caminos, es común ver choferes que insisten en cruzar con luz roja, aún si se observa cantidad de peatones que desean pasar de un lado a otro, siendo mujeres conductoras las más despreocupadas al volante, mismas que tiran los vehículos encima sin el menor asco. También encontramos el caso que, los choferes más agresivos , petulantes, acaballados, no son precisamente aquellos que manejan vehículos pequeños o modestos, sino quienes viajan a bordo de tremendos y costosos móviles de ultima generación, mismos que señalarían que sus dueños no son cualquier cosa, pero que al volante, se comportan como verdaderos indigentes del camino, ya que parecieran cumplir a cabalidad la fórmula, 'gran poder vehicular=gran pobreza humana'. Otro punto negativo, muy peligroso, es el de los denominados dueños de las calles, o para los amigos, taxistas urbanos, que se comportan tal cual si ellos fuesen los propietarios de las rutas, con derecho exclusivo a circular por ellas cómo quieran, dónde quieran, y con autorización de agredir, física y verbalmente, a quién se le tercie en el camino... una verdadera mafia a ojos vista. De la locomoción colectiva ni hablar, porque los amarillos juran ser émulos de 007, o sea, choferes con licencia para matar , tanto a peatones como a colegas de ruta, lanzando sobre sus potenciales víctimas unas máquinas inmensas que conducen con un descriterio vial, casi rayano en el paroxismo... he sido testigo de amenazas de muerte a ciclistas, por el sólo hecho de circular al lado de microbuses urbanos, y comentarios de choferes que aseguran no tener ningún remordimiento ni problema en atropellar y matar a alguien, ya que se saben protegidos por un poderoso sindicato, amén de extraños resquicios legales que les aseguran la libertad a los pocos días. Por otra parte el tan mentado transantiago, que se suponía iba a cambiar la cara y remediar los vicios de este sistema de transporte público, parece seguir con las mismas malas costumbres ya que, si bien hay mayor amabilidad y cuidado al manejar, siguen existiendo yerros evidentes , cómo aquel de parar a recoger y/o dejar bajar pasajeros en cualquier lugar; armar sendos tacos para favorecer a algún colega; dejar a potenciales pasajeros abajo, por tratar de cruzar algún semáforo con luz amarilla o ir de a dos en fondo, etc. De alli entonces que este ramillete de sucedidos nos señale, patéticamente, que a pesar de todas las campañas viales habidas y por haber, el resultado sigue siendo uno sólo... incultura vial galopante.Y el asunto no pasa por más o menos exámenes sicológicos previos a una licencia de conducir, sino necesariamente por una verdadera toma de conciencia, conciencia vial, que necesariamente parte desde el hogar, donde algún padre, madre, abuelo, tío, hermano mayor, se tome el tiempo y la responsabilidad inmediata de enseñar al niño , que la vía pública es de todos, no de algunos solamente, y que se deben respetar no solo las leyes del tránsito, que magistralmente son ignoradas por muchos, hasta el accidente potencial, sino que antes que aquellas, debe respetarse al peatón por sobre cualquier cosa. Y para tales efectos, comprender los adultos de una vez por todas, que no es ninguna gracia , travesura, ni choreza, el facilitarle un vehículo a algún menor de edad, o permitir que lo saquen sin permiso, como más de una vez me ha tocado precenciar en las calles de esta gran ciudad... suponen aquellos padres irresponsablemente permisivos, que de ese modo ayudan a formar nuevos conductores, cuándo la verdad del caso es que están potenciando y generando a los verdaderos delincuentes viales del futuro. Lamentablemente este cuadro citadino , del que soy testigo privilegiado casi a diario, pareciera no tener una solución a corto plazo, ya que, para colmo de males, cuando se cometen estre tipo de infracciones a ojos vista, nunca hay un representante de la ley a la mano. Por ende queda la ingrata sensación, para algunos, de encontrarnos en una verdadera tierra de nadie, mientras que para otros, los 'dueños de las calles', pareciera existir algo así como una verdadera manga ancha para cometer todos los perjuicios habidos y por haber, mientras nadie los esté controlando en vivo y en directo... es que para estos últimos parece ser que ni siquiera sus conciencias los detiene, si es que verdaderamente sujetos así poseen aunque sea algún leve esbozo de resquemor interno, al extremo que han proclamádose los dueños viales de la nación. A juicio y razón de lo que hoy por hoy sucede y se permite, directa o indirectamente, esto no debería extrañar a nadie por desgracia, ya que lo más probable, momentáneamente, es que en realidad sea así ,mientras no cambie la conciencia ciudadana al respecto.
doctorjeringa

Hola, no pierdan su voto. Les saluda, su doctor...